La dirección de una clínica dental implica muy diversas actividades, como son la gestión y coordinación de equipos de trabajo, el establecimiento de objetivos, la toma de decisiones para alcanzarlos, el control del desarrollo de la actividad, la organización de puestos y funciones, … Y si además esta dirección, llamémosla administrativa, se compatibiliza con el ejercicio clínico, la acumulación de tareas puede llegar a ocupar y sobrepasar el tiempo realmente disponible para su ejecución.Por supuesto, el buen director debe contar ante todo con una organización impecable de su tiempo para asegurarse que todas y cada una de sus responsabilidades son debidamente atendidas. Sin embargo, en la distribución de este tiempo es habitual ocupar todos los espacios con el desarrollo de las distintas actividades, sin dejar “ventanas libres” para poder dedicarse simplemente a pensar.Es un error considerar el tiempo “libre”, sin tareas específicamente asignadas, como tiempo ocioso. Más bien al contrario. Si entendemos que tener la mente tranquila y relajada es la única manera de conseguir que las ideas fluyan, comprenderemos que las “luces” que permitirán a la organización mejorar y avanzar sólo pueden aparecer cuando conseguimos apartar de nosotros el estrés.Y es que al disociar la mente del estado tensional que provoca el trabajo, se consigue relajar la actividad cerebral y en ese estado es más fácil que aflore la creatividad que tanto necesita nuestra organización.

Por ello, es recomendable encontrar de vez en cuando tiempo para alejarse del despacho, respirar al aire libre o incluso desempeñar alguna actividad física. De este modo nos distanciaremos del estrés y permitiremos que nuestra mente se dedique simplemente a pensar.