Todo dentista con una clínica propia es al tiempo un directivo, lo que implica que debe dedicar parte de su tiempo al análisis, la planificación y la toma de decisiones de todas aquellas cuestiones que, sin estar directamente relacionadas con la práctica clínica, resultan también fundamentales para el desarrollo de la actividad clínica.

Aspectos relacionados con la gestión de recursos humanos, ejecución de estrategias de marketing, selección de proveedores, trámites administrativos, análisis de la evolución financiera de la empresa, planificación de objetivos, … Todas estas cuestiones requieren en un momento u otro de la intervención, ya sea en la fase de planificación, en la de decisión o, incluso, en su ejecución, de la intervención del director de la clínica dental que, en muchos casos, es a la vez el dentista.

Y si bien todo dentista cuenta con una agenda clínica que establece de forma expresa qué parte de su tiempo va a dedicar a la atención de pacientes, es muy raro que esta agenda incluya sus citas como directivo y señale partes de su tiempo que dedicará a la atención de su clínica como empresa.

Por ello es recomendable crear ciertas ventanas que, con carácter periódico, determinen qué franjas horarias y en qué días se sentará en su “otro” sillón dental (y, por supuesto, cumplirlas). De este modo se garantizará la disponibilidad necesaria para atender a todas las cuestiones que en el ámbito de la gestión requieren de su intervención.