En una amplia mayoría de las ocasiones, la situación de éxito o fracaso de cada clínica y empresa responde a las decisiones que en el pasado tomaron sus responsables. Por supuesto que la situación de una empresa puede deberse también, en una parte considerable, a causas externas a la propia clínica, como por ejemplo una situación de crisis económica o a la estrategia de otras empresas. Con todo, aun en estos casos podemos decir que el director o máximo responsable no supo leer e interpretar su entorno para anticiparse al futuro o para minimizar el efecto de las amenazas ajenas. 

Así, uno de los principales retos con los que se encuentra un director es la correcta interpretación del presente y la adecuada predicción y visualización anticipada del futuro. Aquellos profesionales que dediquen su tiempo y recursos para este menester podrán alcanzar lo que se denomina como “escenario de certidumbre”, siendo éste equivalente a una situación donde se conocen los datos relativos a la situación actual así como la evolución futura.

Este estado permite, por tanto, tomar decisiones de nulo o poco riesgo, lo que permitirá conocer de antemano los efectos que estas decisiones tendrán en el rendimiento de la empresa.

No obstante, el director clínico se enfrenta con más frecuencia a situaciones de incertidumbre que de certidumbre y, en este contexto, la toma de decisiones adquiere una mayor relevancia, pues puede significar el fracasar o triunfar profesionalmente.

Por ello, la toma de decisiones no debe ser realizada a la ligera, sino que debe responder a un proceso programado y profesional, que incluya la formulación de premisas, la identificación de posibilidades, el estudio de las alternativas y la elección de la mejor opción en base a los objetivos previstos por la organización.

A modo de esquema, el proceso profesional para la toma de una decisión sería el siguiente:

  • Formulación de premisas.
  • Identificación de las oportunidades y amenazas.
  • Evaluación de las alternativas en términos del objetivo buscado.
  • Elección de las alternativas.
  • Toma de la decisión.

Obviamente, en este proceso influirán aspectos tanto racionales como emocionales. No obstante, un buen director clínico debe aprender a minimizar los segundos en pro de los primeros y, sobre todo, nunca debe perder de vista que su decisión debe contribuir, en última instancia, al mejor cumplimiento de los objetivos de la clínica dental, estar en consonancia con la misión de la misma y estar siempre orientadas hacia la mejora constante y la satisfacción del paciente.