Todo dentista sabe que anotar con precisión los datos personales y las condiciones de salud del paciente es un ineludible deber, pero no siempre se es igual de exhaustivo cuando se trata de describir el tratamiento realizado en la hoja clínica. “Emp Cl. V 3.4 IV” es cómodo, escueto y será suficiente… salvo cuando deja de serlo. 

Aunque el “jeroglífico” lo entienden el profesional y su equipo perfectamente, si ese paciente vuelve meses después con dolor en la pieza o un flamante absceso, será un alivio para el dentista comprobar que se tomó el tiempo de detallar que, además de una obturación con base cavitaria de ionómero de vidrio, se trataba de una “exposición pulpar indirecta” y que el paciente fue “advertido sobre posibles molestias o necesidad de endodoncia”. Y no porque se tenga el convencimiento de que eso se suele decir, sino porque se está leyendo y, en caso de tensión con un paciente, se le puede mostrar.

Apuntar cada tratamiento de forma pormenorizada ayuda al tiempo a proteger al paciente, pues es la mejor forma de evitar errores o eventos adversos. 

Algunas observaciones acerca de la correcta cumplimentación de la Hoja Clínica:

1. No corresponde a los auxiliares de clínica describir el tratamiento realizado: corresponde al dentista como responsable de tu propio trabajo y el de ellos.

2. Se debe rellenar la hoja clínica (sea digitalmente o a mano) inmediatamente después de despedir a cada paciente. Sin excusas.

3. La confección de las hojas clínicas, preferiblemente informatizadas, debe incluir un formato que permita explayarse, si es necesario, cuando se describe un procedimiento.

4. Conviene seguir un “sistema” o protocolo e interiorizarlo. Desde la actitud del paciente ese día y pasando por cada fase del procedimiento. 

No hay que olvidar que el tiempo pasa y que las cosas increíblemente significativas y absolutamente inolvidables por destacadas, insólitas o inauditas, lo son cada vez menos conforme avanzan las horas, los días y los meses.