Potenciarse como líder no sólo exige un esfuerzo formativo, sino también una preparación práctica y una labor constante a fin de inspirar confianza, fomentar la autoestima y crear en los miembros de su equipo el entusiasmo necesario para conseguir que hagan suyos sus propios objetivos. 

Un liderazgo fuerte y sólido refuerza el valor de las personas y acerca al profesional y a su equipo a un nivel superior. La motivación que un buen líder puede transmitir a los profesionales que le rodean, el desarrollo de una dirección eficaz y la toma de decisiones acertadas y a tiempo, facilita la consecución de los objetivos de toda la organización. Y esto se refleja en la actitud de todo el grupo, generando un clima positivo que puede ser fácilmente percibido por los pacientes.

Por ello el ejercicio del liderazgo es algo que no debe dejarse a la mera intuición personal. El buen líder se hace. Y se hace adquiriendo conocimientos de dirección, cohesión de equipos, definición y consecución de objetivos, motivación y delegación, y, por supuesto, poniéndolos en práctica, continua y constantemente. Sólo de este modo se puede ejercer un liderazgo eficaz y conseguir los beneficios que este estilo de dirección puede reportar.